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“El viento y el polvo, tal vez”
[En proceso]
Fotografía, audio, video, archivo, escritura.


Este proyecto es sobre la historia de mi barrio. Me interesa armar un caparazón que nos ayude a pensar la relevancia de nuestra historia vecinal que nos conecta a procesos de producción de maquinas, imaginarios, mercancías y capitales que circulan a escalas globales. El primer capítulo está dedicado a los procesos vinculados a la maquila que tenemos aquí desde hace muchos años. En ella se fabrican piezas para los autos eléctricos de la marca Tesla y se ensamblan paneles de plástico para la parte trasera de televisores de una marca que nadie conoce.

A Las Cumbres llegamos en el 93 cuando éramos 11 familias habitando desperdigadas por el barrio. En ese tiempo Don Rodolfo tenía una Guayin(a) ochentera color crema, y al par de años, mi papá una Astro Van horrible y azul que adoraba. Su primer carro, el que nos mostró de noche, luego de despertarnos para darnos sorpresa. En ese tiempo no había luz, por eso solo vimos la silueta apenas marcada en la obscuridad, yo la imaginé distinta, y esperé a la mañana para salir corriendo para verla de nuevo y descubrir que era horrible y azul pero que mi papá adoraba. Ninguno de sus tripulantes podía escucharse hablar adentro: era un pedazo de lamina voladora que retumbaba como trueno por el camino de terracería. En ese tiempo además de vivir sin luz también lo hacíamos sin otros servicios públicos como el de agua potable o transporte público. Los primeros cuatros años fueron de compartir con los vecinos los trucos con que aprendimos cómo pasarla, me atrevería a decir que bien, pero yo era una niña y una necesita poco. Mi mamá lloró todas las noches del primer año, le daba miedo la obscuridad y el aullido de los coyotes que bajaban del cerro a comerse la basura. Una noche confundió la cara de un animal con la del diablo y me despertó para que la acompañara al patio para asustarlo. En ese tiempo los cuartos se alumbraban en la noche con velas delgadas de cera blanca. Con pilas de carro se hacían funcionar las televisiones pequeñas de 12V ¿la de nosotros era a color? El otro día fui a buscar a El Caballo y La Güera, los pioneros verdaderos de las Cumbres, los primeros primeros, los que nos vieron llegar, a veces de a uno por uno y otras por bonchecito. Se acuerda La Güera que su patio se le llenaba de las pilas usadas de todos nosotros, que a veces ni ella ni él dormían pasándoles el estetoscopio, iban de una por una esperando escuchar los latiditos internos del acido burbujeante. Cada vez que nuestra pila se moría, mi papá la envolvía en una de sus camisas y cargándola envuelta sobre sus brazos, caminaba con ella hasta la casa del Caballo, para solicitarle sus servicios de resurrección (que a veces incluso le fiaban). Yo también quería saber de necromancia, practicaba tratando de mantener las imágenes andantes que de pronto veía irse achicando en la televisión “no te mueras, no te mueras, no te mueras” le invocaba al monitor, agitándole lentamente mis dedos chaparros de hechicera. La imagen siempre terminó huyendo, escondida, derrotada, apagada por la falta de energía en la pila agotada.

Primero vinieron unas maquinas y unos señores que cavaron unos hoyos, luego trajeron postes de cemento y al último, kilómetros de cables de acero. Cuando la primera lámpara se iluminó, los niños corrieron anunciando la llegada de la luz. Yo no me acuerdo cómo celebramos, pero voy a averiguar. Atrasito de la luz vino la maquiladora, no llegó sola, trajo con ella varios proyectos de urbanización, entre ellos un nuevo punto de acceso -pavimentado- a la colonia. El camino nuevo eliminó al anterior de cuyo tránsito dependían los negocios de La Güera y el Caballo. Es un cuento viejo que suena al de escritor viejo. Se fueron a la Salvatierra a rentar un terreno y abrir otra llantera de aquel lado. Dicen que les fue bien por un tiempo, pero en una apuesta de carreras lo perdieron todo y por eso ya regresaron a las Cumbres. Su casa es amarilla, tienen muchos perros y gallinas. El día que fui a buscarlos les vi una pila en su patio, me dijeron que no sirve, todos sabemos que ya no importa. Yo me imaginaba distinto al Caballo, su cara es modesta, y callada, la Güera le dobla la edad y están juntos desde que él tenía 18 años. El Caballo quiere comprarse un sombrero antes de que yo vuelva a su casa para tomarles una foto. A la Güera le da lo mismo. Se peina con su tupé alzado desde siempre. Bailan juntos en el jaripeo los fines de semana, cuando se puede.

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“The wind and the dust, perhaps.”
[In process]
Photography, audio transcriptions, video, archive, writing.


This project is about the history of my neighborhood. I am building a shell, a body of work to help us think about the relevance of our neighborhood history that connects us to processes of production of machines, imaginaries, merchandise and capital that circulate on a global scale. The first chapter is dedicated to the processes linked to the maquila that we have had here for many years. In it, pieces for electric cars of the Tesla brand are manufactured aside with plastic panels, assembled for televisions backs, of a brand that no one knows.

We arrived at Las Cumbres in 1993 when we were only 11 families scattered around the neighborhood. At that time Don Rodolfo had an 80's cream-colored Guayin(a) and a couple of years later, my dad had a horrible blue Astro Van that he adored. His first car, the one he showed us that night, after waking us from our beds, only to surprise us. At that time there was no electricity around, so we only saw the silhouette barely marked in the dark, I imagined it differently, and waited until morning to run out to see it again and discover that it was hopelessly ugly and blue, but my dad adored it anyway. None of the people that conform its valiant crew would be able to hear sound or word inside: it was a flying sheet of metal that rumbled like thunder along the dirt road. At that time, in addition to living without electricity, we also lived without other public services such as running water or transportation. The first four years were spent sharing with the neighbors the tricks with which we learned how to get by, I would dare say: well, but I was a child, and one needs little. My mother cried every night of the first year, she was afraid of the darkness and the howling of the coyotes that came down the hill to eat the garbage. One night she mistook the face of an animal for the one of the Devil and woke me up to go with her to the yard to scare him. At that time the rooms were lit at night with thin white wax candles. Small 12V televisions were powered by car batteries, was ours a color TV? The other day I went to look for El Caballo and La Güera, the real pioneers of Las Cumbres, the first ones, the ones who saw us arrive, sometimes one by one and sometimes by little bundles. La Güera remembers that her patio was filled with the used batteries of all of us, that sometimes neither she nor he slept, using in them the stethoscope to check their energy life, they went one by one waiting to hear the internal beating of the bubbling acid. Every time our battery died, my dad would put it in one of his shirts and carrying it wrapped around his arms, he would walk with it to El Caballo house, to ask him for his resurrection services (which sometimes he was even trusted). I also wanted to know about necromancy, I practiced trying to keep the walking images that I suddenly saw getting smaller on our small television "don't die, don't die, don't die" I would invoke to the monitor, slowly shaking my short fingers of a sorceress. The image always ended up fleeing, hidden, defeated, turned off by the lack of energy in the depleted battery.

First came some machines and some men who dug some holes, then they brought cement poles and finally, kilometers of steel cables. When the first lamp lit up, the children ran screaming announcing the coming of the light. I don't remember how we all celebrated, but I will find out. The maquiladora did not arrive alone, it brought with it several urbanization projects, among them a new access point to our Colonia -paved-. The new road eliminated the old one on whose transit the businesses of La Güera and El Caballo depended. It is an old story that sounds like an old well known writer's tale. They both went to Salvatierra to rent a piece of land and open another tire shop on that side of the city. They say they did well for a while, but in a race bet they lost everything and that is why they have returned to Las Cumbres. Their house is yellow, they have many dogs and chickens. The day I went to look for them I saw a car batterie in their yard, they told me it was burn out, we all know it doesn't matter anymore. I imagined El Caballo differently, his face is modest, and quiet, La Güera is twice his age and they have been together since he was 18 years old. El Caballo wants to buy a hat before I go back to his house to take a picture of them. La Güera doesn't care. She wears her hair with her toupee up since forever. They dance together at the Jaripeo on weekend, when they can.

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Contracartografía del America day by day. Una conversación in situ con Simone de Beauvoir





For this dossier I have compiled the evidence of my counter-cartographic response to the 1947 road trip that Simone De Beauvoir took through the American Southwest. Using her book “America Day by Day” as a map, I traveled 4200 km by car through the spaces that she visited, familiarizing myself with parts of California, Nevada, Arizona, New Mexico and Texas. I worked with photography, writing, video, public intervention, and performance as methods of processing my journey.


This journey allowed for a political dialogue to grow between me–a mexican fronteriza artist–-and De Beauvoir, 73 years after her original road trip. Contemporary notions of territory, citizenship and landscape are explored in our dialogical fiction as I experienced the journey in situ, against the grain, and from a decolonial perspective.


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1

[Retrato de  Simone de Beauvoir ca. 1947 frente a mapa de Europa y Ámerica]
1 impresión fotográfica: gelatina de plata; 20.32 x 30.48 cm. |
Fecha: 1947, Paris, Francia
Contribuidor: Sylvie Le Bon-de Beauvoir

2

[Retrato de Lau Fiorio “N” compañera de viaje por Estados Unidos de Beauvoir]
1 impresión fotográfica: gelatina de plata; 12.7 x 17.78 cm. |
Fecha: 1945, Los Angeles, California
Contribuidor: Sylvie Le Bon-de Beauvoir

3

[Retrato de Simone de Beauvor y “N”; souvenir del Estado de Nevada]
1 impresión fotográfica: 7.4 x 10 cm. |
Fecha: 1947, Nevada
Contribuidor: Lau Fiorio


4

[Vista del paisaje del Oeste; registro fotográfico por Simone de Beauvoir]
1 impresión fotográfica: 9 x 15 cm. |
Fecha: 1947, Oeste de Estados Unidos
Contribuidor: Sylvie Le Bon-de Beauvoir